Muertes violentas en Ecuador subieron en 82 cantones

El comportamiento de la violencia criminal en Ecuador durante los primeros cinco meses de 2026 demuestra que las dinámicas delictivas no se disipan fácilmente, sino que mutan y se reconfiguran en el territorio. 

Las estadísticas oficiales comparadas con 2023 y 2025 revelan una aparente mejoría en cantones que históricamente han sido epicentros de muertes violentas, como Guayaquil o Durán, donde la intervención sostenida ha logrado reducciones estadísticamente significativas.

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Sin embargo, este retroceso en las ciudades tradicionalmente conflictivas no refleja una pacificación estructural del país. Los decretos presidenciales y los informes oficiales advierten sobre el desplazamiento de células delictivas hacia nuevas geografías. Este fenómeno ha provocado que la letalidad se focalice hoy en diversos cantones estratégicos.

Los territorios a la baja

El análisis nacional de los homicidios intencionales refleja una reducción generalizada en el país, que pasó de 4.085 muertes violentas entre enero y mayo de 2025 a 3.485 en el mismo período de 2026. Pese a la reducción, este es el segundo peor inicio de año de la historia nacional.

Por un lado, durante este periodo, las bases de datos revelan descensos notables frente a 2025. Guayaquil logró bajar de 1.308 a 944 muertes violentas, lo que se traduce en una reducción del 27,83%. Su vecino cantón de Durán, que venía de una explosión delictiva, reportó un decremento del 51,10%, al pasar de 319 a 156 fallecidos.

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En Manabí, Portoviejo disminuyó sus casos de 149 a 80, alcanzando una caída del 46,31%, mientras que Babahoyo en Los Ríos pasó de 132 a 70 víctimas, reduciendo su fatalidad en un 46,97%.

Este escenario provocó que 51 cantones ecuatorianos registraran cifras a la baja y que 44 territorios  vieran sus casos caer a cero. 

La mutación del crimen

Los datos reflejan que la contención en Guayas generó un desplazamiento criminal hacia las provincias periféricas o rutas de narcotráfico. Frente a las cifras de 2025, un total de 82 cantones sufrieron aumentos de muertes violentas en 2026. 

Machala se convirtió en el principal núcleo de esta reconfiguración tras dispararse de 118 a 193 casos, lo que equivale a un aumento del 63,56%. En la provincia de Los Ríos, Vinces sufrió una escalada desproporcionada del 362,50%, saltando de ocho muertes a 37 en tan solo un año.

Pero la letalidad no solo afectó estas zonas. Pasaje sumó 53 víctimas frente a las 26 previas, marcando un incremento del 103,85%, y en Manabí, Montecristi pasó de 34 a 60 asesinados, alzando sus índices en un 76,47%. 

Las estadísticas de las regiones de la Sierra y la Amazonía también evidencian un preocupante efecto de expansión y desplazamiento criminal al comparar los primeros cinco meses de 2026 frente a 2025. 

En la Sierra, el estallido más alarmante se registró en Cuenca (Azuay), que multiplicó sus índices al pasar de tres a 18 homicidios, seguido por Pedro Moncayo (Pichincha), que subió de una a siete muertes, Tulcán (Carchi), que pasó de una a cinco; y Otavalo (Imbabura), con un alza de uno a cuatro asesinatos. 

Por su parte, en la Amazonía, el epicentro del deterioro fue Lago Agrio (Sucumbíos), una jurisdicción fronteriza que saltó de 21 a 40 muertes violentas; a esta zona le sigue el cantón Pastaza (Pastaza), que triplicó sus registros, pasando de tres a nueve homicidios.

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