Con la frase que evoca el paso del tiempo. Los días que dejamos atrás / nadie puede borrar, Paul McCartney inicia la canción que da nombre a su nuevo trabajo discográfico y que lo transporta, a sus 83 años, al escenario de su juventud en Liverpool. The Boys of Dungeon Lane, su vigésimo álbum de estudio en solitario, verá la luz el 29 de mayo y representa una de las propuestas más emotivas de su carrera reciente, centrada en la infancia vivida en la posguerra en esa ciudad inglesa. El tema principal arranca con imágenes en blanco y negro bares llenos de humo y guitarras sencillas y alcanza su punto culminante en el puente, donde McCartney rememora el encuentro con John Lennon en Forthlin Road: “Nos encontramos en Forthlin Road / y escribimos un código secreto / para no ser jamás revelado / me mantengo fiel a lo que dije / la promesa que hice / nunca será rota”.

En este sentido, la letra describe sin caer en dramatismos, y precisamente esa contención le otorga peso. McCartney ha explicado que la música es, ante todo, un ejercicio de memoria. “Me pregunto a veces si solo escribo sobre el pasado, pero entonces pienso: ¿sobre qué otra cosa puedes escribir? Son recuerdos de Liverpool. Viví en Speke, un barrio obrero. No teníamos mucho, pero no importaba porque la gente era extraordinaria y uno no se daba cuenta de lo que le faltaba”, declaró al anunciar el álbum. La canción no se lanzó en las plataformas habituales, sino en BBC Radio Merseyside, la emisora local del lugar donde todo comenzó. El título del álbum proviene de un verso de esa misma canción: “See the boys of Dungeon Lane / Along the Mersey shore” (“Miren a los chicos de Dungeon Lane / a lo largo de la orilla del Mersey”), y hace referencia a una calle real del barrio de Speke, en Liverpool, que conduce hasta la orilla del Mersey y fue durante décadas un punto de encuentro para observadores de aves. McCartney ya había usado la expresión “the boys of Dungeon Lane” en una maqueta temprana de Off the Ground (1993), pero tardó más de tres décadas en convertirla en el núcleo de un proyecto.

El nuevo álbum, fue producido junto a Andrew Watt en sesiones iniciadas en 2021, no funciona como un disco conceptual cerrado. Junto a las canciones de memoria aparecen piezas de registro muy distinto: Mountain Top (“La cima de la montaña”) construye una psicodelia de corte “toytown” clavicordio, voz procesada, efectos de fase sobre la historia de una joven que consume hongos en Glastonbury. Momma Gets By (“Mamá se las arregla”) retoma el territorio de “Lady Madonna” con cuerdas melancólicas y un tono menos festivo. Life Can Be Hard (“La vida puede ser dura”) conecta directamente con la veta de Tin Pan Alley que ya habitaba When I’m Sixty-Four o Your Mother Should Know, esa escritura que Lennon llamaba con ironía “la música de abuela de Paul”. pregunta que el álbum plantea es si McCartney todavía puede hacer un trabajo con una razón de ser y no solo sumar canciones a un catálogo ya inmenso. La respuesta que ofrece el disco es más afirmativa que la de New (2013) o Egypt Station (2018): hay una dirección, y se percibe.

No obstante, el regreso a la infancia no es algo nuevo en la obra de McCartney. Penny Lane, Strawberry Fields Forever, Early Days, On My Way to Work, That Was Me o buena parte de Kisses on the Bottom (2012) un álbum compuesto en gran medida por canciones que su padre escuchaba cuando él era niño ya recorrían ese mismo territorio. La diferencia en The Boys of Dungeon Lane es que esas canciones muestran una fuerza emocional más sostenida. La voz actual de McCartney, más delgada e inestable que la de sus décadas anteriores, puede ser un obstáculo cuando interpreta clásicos en televisión. Aquí opera de otra manera: recuerda, en cada frase, que estos relatos los escribe un hombre de 83 años sobre episodios ocurridos hace más de siete décadas.

Entre los temas más ligados a ese registro, As You Lie There (“Mientras yaces ahí”) narra un amor no correspondido con una estructura episódica y guitarras que evocan a Wings. Salesman Saint (“El vendedor santo”) recorre las dificultades económicas de sus padres y termina con un pasaje de swing de los años 40. Down South (“Al sur”) recuerda un viaje en autostop con George Harrison y cierra con una frase que funciona como epitafio íntimo de toda una amistad: It was a good way to get to know you (“Era una buena manera de llegar a conocerte”). El dueto Home to Us (“Nuestro hogar”), grabado con Ringo Starr, avanza con una energía que remite vagamente a She’s Electric de Oasis y se sostiene, sobre todo, en la sensación de disfrute compartido entre dos hombres que llevan más de seis décadas tocando juntos. No todo alcanza el mismo nivel: Come Inside (“Entra”) en su costado más rockero y First Star of the Night (“La primera estrella de la noche”) figuran entre los momentos menos logrados del álbum.
Finalmente, The Boys of Dungeon Lane sale el 29 de mayo a través de Capitol Records.