Logran desarrollar el textil robótico suizo que genera fuerza extrema.

La tecnología continúa avanzando de manera sorprendente y es que a simple vista parece una tela común, flexible, delgada, casi frágil, pero al activarse, ese mismo tejido es capaz de levantar cargas cientos de veces superiores a su propio peso. No hay motores visibles, ni piezas rígidas, ni estructuras externas, solo fibras que cooperan entre sí. avance llega desde la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), donde un equipo de investigadores desarrolló un nuevo tipo de textil robótico que redefine cuánto puede hacer una prenda cuando deja de ser pasiva. No obstante, la robótica vestible lleva años prometiendo ayudar al cuerpo humano. En la práctica, la mayoría de los sistemas siguen dependiendo de estructuras duras, voluminosas y poco cómodas. Exoesqueletos, arneses y actuadores rígidos funcionan, pero rara vez se integran de forma natural al movimiento cotidiano, el verdadero reto no es generar fuerza, sino hacerlo sin sacrificar comodidad.

Una prenda debe doblarse, estirarse, adaptarse a cuerpos distintos y permitir movimientos naturales. Conseguir potencia mecánica dentro de esas limitaciones ha sido uno de los mayores desafíos del campo, el núcleo de este nuevo tejido, según lo publicado en Science Advances, está compuesto por aleaciones con memoria de forma, principalmente níquel y titanio. Estos hilos cambian su estructura interna cuando se calientan ligeramente mediante electricidad, contrayéndose y volviéndose más rígidos.

Por lo tanto, el acortamiento genera movimiento y fuerza, pero el verdadero salto no está en el material, sino en cómo se organiza dentro de la tela. ⁸En lugar de entrelazar fibras de forma tradicional, los investigadores rediseñaron por completo la geometría del tejido. En este sentido, la llamada geometría X-Crossing coloca cada cruce de fibras en la dirección exacta en la que debe aplicarse la fuerza. En los textiles convencionales, los hilos tiran unos contra otros, perdiendo eficiencia. Aquí ocurre lo contrario: todas las tensiones se suman. El resultado es llamativo, un fragmento de tejido de apenas 4,5 gramos puede levantar un kilogramo completo. Más de 400 veces su propio peso, una relación fuerza-masa que compite con sistemas robóticos mucho más complejos y aun así, la tela puede estirarse hasta un 160 % de su longitud original.

El comportamiento recuerda a una coreografía mecánica, cada fibra actúa en sincronía con las demás, generando un movimiento limpio, controlado y sorprendentemente suave. Para comprenderlo, el equipo desarrolló modelos que permiten predecir cómo cambia la rigidez del tejido según la temperatura, la carga y el movimiento. No se trata solo de cuánta fuerza produce, sino de cómo se comporta cuando se integra en articulaciones reales como codos, rodillas o muñecas, ese nivel de control resulta clave para su uso fuera del laboratorio.

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