La gente no denuncia lo robos

Las autoridades han confirmado la detención de 250 ciudadanos por delitos de robo y hurto en el transporte público, en el primer trimestre de 2022. Pero Mauricio Cerón, coordinador de Seguridad de la Empresa Pública Metropolitana de Transporte de Pasajeros (Epmtpq) afirma que solo 21 han sido procesados. Eso significa que apenas el 8,4% de detenidos por robos en buses fue procesado. El 91,6% restante quedó en libertad por falta de las denuncias ciudadanas.

“Si no hay denuncia de ellos, los delincuentes están al siguiente día operando en otro lugar y riéndose de nuestro trabajo”, insiste. En su experiencia ha notado que solo el 20% o 30% de víctimas de estos casos termina denunciando lo sucedido en la Fiscalía.

8 de cada 10 usuarios consultados afirman haber sufrido un robo desde el inicio de la pandemia. Y todos han presenciado cómo actúa la delincuencia sobre otras personas. No hay datos oficiales sobre la percepción de esta problemática.

Los casos en que la víctima se percata tarde que le han sustraído sus pertenencias en el transporte público son otra problemática. Sea porque se las roban de manera sigilosa en algún empujón o porque emplean armas blancas para cortar carteras, mochilas y chaquetas.

El Código Orgánico Integral Penal (COIP) sanciona el hurto con prisión de seis meses a dos años.

El robo con fuerza, en cambio, se penaliza con tres a cinco años de cárcel. Y el robo con violencia contra las personas, de cinco a siete años. Otra modalidad de hurto más frecuente es el arranche.

Así le sucedió a Isabela Tupiza cuando viajaba en el Corredor Sur Occidental. “La verdad iba distraída mirando un video”, recuerda. Cuando las puertas se abrieron en el andén de El Pintado, en el sur de Quito, un hombre subió y le arrancó el teléfono de las manos. Antes de que el chofer reaccionara, el delincuente salió corriendo hacia la vereda y se escabulló por un graderío. Nadie intentó detenerlo, pese a los gritos desesperados de la joven de 18 años de edad.

A pretexto de vender algún producto, hay delincuentes que se suben a las unidades esperando sustraer alguna cosa de valor. “Ya le vi (al vendedor) y cogí mi celular por encima del bolsillo del calentador porque me asusté”, cuenta Estefanía Vaca, de 16 años. Ella iba rumbo a su casa luego del colegio. Por el sector de San Diego, en el Corredor Sur Occidental, pudo sentarse. El hombre comenzó el discurso diciendo que había salido de la cárcel y que solo buscaba ganar dinero honestamente.

Inmediatamente murmuró unos insultos y se acercó desafiante a ofrecer caramelos. Ella se negó a comprar y él presionó los dulces en su pecho. “Saqué rápido la moneda de un dólar que tenía antes de que me quitara mis cosas”, dice la joven, que esconde su celular cada vez que va en bus. De acuerdo con la Epmtpq, unas 360 000 personas viajan a diario en ese sistema. Con la normalización de las actividades educativas y laborales, la aglomeración de pasajeros es mayor.

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