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La revolución técnica destinada a mejorar el espectáculo, la FIA también ha aprovechado esta gran revisión reglamentaria para endurecer aún más las normas de seguridad, como hace en cada cambio de ciclo.
Intermitentes

Esta es probablemente la novedad más sorprendente para el gran público: los monoplazas de Fórmula 1 de 2026 irán equipados con luces intermitentes integradas en los retrovisores. La finalidad de estas luces no tiene nada que ver con los cambios de carril o las maniobras en pista. En realidad, son luces de advertencia, diseñadas para mejorar la visibilidad cuando un coche está parado o en dificultades.
Durante un trompo, después de un accidente, detrás de un bache o en condiciones de escasa visibilidad (lluvia, humo, carreras nocturnas), un monoplaza parado puede resultar extremadamente difícil de detectar.

Estos nuevos indicadores avisarán antes a los conductores que circulen en sentido contrario, reduciendo el riesgo de colisiones secundarias, que suelen ser de las más violentas. Estas luces complementan un sistema ya existente: las luces del alerón trasero, que indican el estado de carga eléctrica, y las integradas en la estructura trasera, que parpadean permanentemente bajo la lluvia.
Mayor protección contra los accidentes más violentos

La visibilidad es sólo un aspecto de la mejora general de la seguridad. La FIA también ha aumentado los requisitos de las pruebas de choque, en particular para la célula de supervivencia. Se ha hecho hincapié en los impactos laterales, para proteger mejor a los conductores en los temidos choques en «T», cuando un coche es golpeado perpendicularmente después de venir a parar al otro lado de la pista. El sistema de protección antivuelco también evoluciona.

La barra antivuelco, ya reforzada en los últimos años, es ahora aún más resistente. Según cifras oficiales, ahora puede soportar una carga adicional de 23 % cuando el coche descansa sobre su techo. Combinado con el halo, sigue reduciendo uno de los puntos débiles históricos de los monoplazas descapotables.
En la parte delantera, la estructura adopta un diseño de dos etapas. En caso de impacto moderado, el morro absorbe la energía. En caso de impacto más grave, entra en juego una segunda zona de deformación, situada más atrás, para limitar al máximo las fuerzas transmitidas al conductor.
Mayor seguridad… a pesar de la reducción de peso

Estas mejoras tienen un coste técnico evidente: unas estructuras más sólidas implican, en teoría, más peso. Sin embargo, la normativa de 2026 impone una reducción significativa del peso mínimo, de 800 a 768 kg, al mismo tiempo que las baterías son cada vez más grandes. Para los ingenieros, la ecuación es por tanto especialmente compleja. Tienen que incorporar más seguridad, más electrificación y sistemas activos, al tiempo que buscan el más mínimo gramo superfluo. Un reto importante que influirá profundamente en el diseño de los monoplazas.